La terapia de ultrasonidos en fisioterapia es una técnica que emplea ondas sonoras de alta frecuencia (por encima del rango audible de 20,000 Hz) para lograr efectos terapéuticos en los tejidos del cuerpo. Estas vibraciones mecánicas se propagan a través de los tejidos, generando micro-masajes y calor profundo que favorecen la recuperación de lesiones. A continuación, abordamos en formato pregunta-respuesta los aspectos clave sobre los ultrasonidos en fisioterapia, desde qué son y cómo funcionan, hasta sus beneficios, usos clínicos, indicaciones, contraindicaciones y las características de los equipos de ultrasonido más adecuados para la práctica profesional.
¿Qué son los ultrasonidos en fisioterapia?
Los ultrasonidos en fisioterapia son ondas sonoras de alta frecuencia utilizadas con fines terapéuticos. A diferencia del ultrasonido diagnóstico (ecografías médicas), el ultrasonido fisioterapéutico no produce imágenes, sino que transmite energía mecánica al organismo para tratar distintas afecciones músculo-esqueléticas. En concreto, un cabezal (transductor) emite vibraciones no audibles que causan compresiones y expansiones microscópicas en los tejidos. Esto genera calor y movimiento celular a nivel local, desencadenando una serie de efectos biofísicos beneficiosos.
En la práctica, el fisioterapeuta aplica un gel conductor sobre la piel de la zona a tratar y desliza el cabezal del ultrasonido con movimientos lentos y circulares para asegurar una transmisión uniforme de las ondas sonoras. Las máquinas típicas de ultrasonido terapéutico operan en frecuencias de 1 MHz o 3 MHz, seleccionándose la frecuencia según la profundidad del tejido objetivo: 1 MHz penetra más profundo (lesiones en planos profundos) y 3 MHz actúa en tejidos más superficiales. Incluso es posible aplicar ultrasonidos bajo el agua para zonas irregulares o de difícil contacto, aprovechando el agua como medio de acoplamiento.
¿Cuáles son sus beneficios terapéuticos?
Los ultrasonidos ofrecen una variedad de beneficios terapéuticos respaldados por la evidencia clínica. Sus efectos se agrupan en térmicos (derivados del calor profundo) y no térmicos (micro-masaje celular), que en conjunto producen mejoras significativas en los tejidos tratados. A continuación, destacamos sus principales beneficios:
- Efecto analgésico y antiespasmódico: El ultrasonido tiene una acción analgésica al disminuir la sensibilidad de las terminaciones nerviosas y relajar el músculo, aliviando el dolor y reduciendo espasmos musculares. El calor profundo generado contribuye a aliviar puntos gatillo y contracturas, proporcionando relajación muscular.
- Aumento de la circulación sanguínea local: La energía ultrasónica produce vasodilatación en la zona tratada, elevando el flujo sanguíneo local. Esto mejora el aporte de oxígeno y nutrientes a los tejidos lesionados y facilita la eliminación de productos de desecho, favoreciendo la recuperación.
- Estimulación de la regeneración tisular: El micro-masaje mecánico y la activación celular por ultrasonido aceleran la cicatrización de tejidos lesionados, promoviendo una mejor organización de las fibras de colágeno durante la reparación. Como resultado, se observa una recuperación más rápida y de mayor calidad en lesiones musculares, tendinosas y ligamentosas.
- Reducción de inflamación y edema: En modo pulsado (no térmico), el ultrasonido tiene un marcado efecto antiinflamatorio, útil especialmente en fases agudas. Ayuda a disminuir la hinchazón y el edema, controlando la respuesta inflamatoria sin añadir calor excesivo a los tejidos inflamados.
- Mejora de la elasticidad y flexibilidad tisular: La elevación controlada de la temperatura en tejidos con alto contenido de colágeno (tendones, ligamentos, fascia) aumenta su extensibilidad. Esto permite reducir la rigidez articular y facilita los estiramientos terapéuticos tras la aplicación de ultrasonido. Por ejemplo, precalentar un músculo con ultrasonido puede mejorar su respuesta a los ejercicios de rehabilitación.
- Otros efectos biofísicos positivos: El ultrasonido incrementa el metabolismo celular y estimula funciones celulares importantes para la recuperación. Asimismo, al favorecer la permeabilidad de las membranas celulares, puede utilizarse para mejorar la absorción de ciertos medicamentos tópicos (técnica conocida como fonoforesis). Todos estos efectos contribuyen a un entorno óptimo para la recuperación de los tejidos dañados.

¿Para qué se utilizan en consulta?
En la práctica clínica diaria, los aparatos de ultrasonidos para fisioterapia se utilizan como una herramienta terapéutica complementaria para múltiples propósitos. ¿Para qué sirven en consulta? Principalmente para modular el dolor, la inflamación y mejorar la calidad de los tejidos antes, durante o después de otras intervenciones de fisioterapia.
- Alivio del dolor y espasmos: Muchos fisioterapeutas aplican ultrasonido para reducir el dolor y la tensión muscular en una zona lesionada. El calor profundo generado a intensidades terapéuticas ayuda a relajar y precalentar los músculos, lo que disminuye espasmos musculares y prepara la zona para técnicas manuales o ejercicios posteriores. Por ejemplo, antes de movilizar una articulación rígida o estirar un músculo contracturado, se puede usar ultrasonido continuo para aumentar la elasticidad del tejido y facilitar el tratamiento.
- Disminuir inflamación y edema en lesiones agudas: En pacientes con lesiones recientes (esguinces, contusiones, tendinitis aguda), el ultrasonido en modo pulsado se emplea para controlar la inflamación sin efecto de calor. Esto contribuye a reducir la hinchazón y dolor en fases tempranas de la lesión, promoviendo una recuperación más rápida. Es importante destacar que en procesos inflamatorios agudos o traumatismos muy recientes, se evita el ultrasonido continuo (que genera calor) y se opta por el pulsado para no agravar la inflamación.
- Aceleración de la cicatrización: En consulta, el ultrasonido suele formar parte del protocolo de tratamiento de lesiones musculares, tendinosas o ligamentarias en fase subaguda y crónica. Su objetivo es acelerar la cicatrización y mejorar la calidad del tejido reparado, estimulando la regeneración de las fibras colágenas de forma organizada. Muchos fisioterapeutas combinan el ultrasonido con ejercicios terapéuticos, de manera que el ultrasonido prepara el tejido (mejor oxigenación, menor dolor) y los ejercicios potencian la remodelación funcional.
- Tratamiento de puntos gatillo y contracturas: Otra utilidad en consulta es el tratamiento de puntos gatillo miofasciales (nudos musculares dolorosos) mediante ultrasonido. La energía ultrasónica ayuda a disminuir la hiperirritabilidad de estos puntos, actuando como un micro-masaje profundo que alivia la contractura. Tras unos minutos de ultrasonido, a menudo el fisioterapeuta puede estirar o presionar el punto gatillo con menos dolor, logrando una liberación más efectiva.
- Mejorar la movilidad de cicatrices y tejidos conectivos: En pacientes con cicatrices retráctiles o fibrosis (por cirugías o lesiones antiguas), el ultrasonido se utiliza para ablandar y aumentar la elasticidad del tejido cicatricial. Esto facilita las técnicas de liberación de adherencias. Por ejemplo, en fases iniciales de la enfermedad de Dupuytren (engrosamiento fibroso en la palma de la mano) o en síndromes de hombro congelado (capsulitis adhesiva), el ultrasonido es parte del abordaje para disminuir la rigidez de los tejidos afectados
Aparatos de Ultrasonidos Terapéuticos para Fisioterapia Recomendados
¿Qué patologías se tratan con más frecuencia con ultrasonidos?
Los ultrasonidos en fisioterapia se emplean para tratar una amplia variedad de patologías musculoesqueléticas. A continuación, enumeramos las afecciones que con mayor frecuencia se abordan con terapia de ultrasonido:
- Tendinopatías (tendinitis crónicas y agudas): Inflamaciones o lesiones de tendones, como la tendinitis del manguito rotador en el hombro, epicondilitis lateral (codo de tenista), tendinitis rotuliana o aquilea, suelen beneficiarse del ultrasonido. Esta terapia alivia el dolor de los puntos tendinosos inflamados y acelera la recuperación de la tendinopatía.
- Lesiones musculares y ligamentosas: Distensiones, desgarros musculares o esguinces articulares son tratados con ultrasonido para reducir hematomas, disminuir la inflamación y facilitar la regeneración de las fibras lesionadas. Por ejemplo, en una rotura fibrilar en el muslo o un esguince de tobillo, el ultrasonido pulsado puede acortar el tiempo de curación.
- Dolor lumbar, cervicalgias y otras afecciones de columna: Las lumbalgias y cervicalgias de origen muscular o articular a menudo incluyen ultrasonido en su manejo. El calor profundo ayuda a relajar la musculatura paravertebral tensa y alivia el dolor, complementando otras técnicas de terapia manual. De hecho, dolores de espalda crónicos o artrosis vertebrales se encuentran entre las indicaciones comunes de ultrasonido.
- Bursitis y capsulitis articulares: Inflamaciones de bursas (bolsas serosas) como la bursitis de hombro o trocantérea, así como capsulitis (ej. hombro congelado), se tratan con ultrasonido para disminuir la inflamación local y mejorar la movilidad articular. Los pacientes suelen experimentar menos dolor y mayor rango de movimiento tras varias sesiones.
- Artrosis y osteoartritis: Las enfermedades degenerativas articulares (artrosis de rodilla, cadera, columna, manos, etc.) son de las patologías más tratadas con ultrasonido. Aunque no revierten el desgaste articular, la terapia ultrasónica alivia el dolor articular, reduce la rigidez y mejora la funcionalidad en artrosis, proporcionando al paciente alivio sin efectos adversos. Esto la convierte en una herramienta valiosa en fisioterapia geriátrica o en pacientes con osteoartritis generalizada.
- Síndrome miofascial y puntos gatillo: Pacientes con dolores miofasciales, caracterizados por puntos gatillo dolorosos en los músculos, pueden beneficiarse del ultrasonido. Aplicado sobre los puntos gatillo, contribuye a su desactivación al reducir el espasmo local y mejorar la circulación en el punto. Esto es frecuente en condiciones como el síndrome de dolor miofascial del trapecio o piramidal.
- Fenómeno de Raynaud y problemas vasculares periféricos: Trastornos circulatorios en las extremidades, como el fenómeno de Raynaud (vasoespasmo en dedos) o úlceras venosas crónicas, pueden abordarse con ultrasonido para aprovechar su efecto vasodilatador. La mejora del flujo sanguíneo ayuda en la cicatrización de úlceras cutáneas de origen vascular y alivia síntomas vasculares.
- Cicatrices, fibrosis y Dupuytren: Como se mencionó, las cicatrices retráctiles posquirúrgicas o traumáticas, y condiciones fibrosantes como la enfermedad de Dupuytren en fases iniciales, son tratadas con ultrasonido para ablandar el tejido y prevenir adherencias. Igualmente, fibrosis pos lesión (por ejemplo, tras una rotura muscular mal curada) pueden reducirse con la acción mecánica de las ondas ultrasónicas.
- Lesiones deportivas en general: La terapia con ultrasonidos es muy popular en el ámbito deportivo, tanto en rehabilitación como en prevención. Lesiones deportivas comunes – como sobrecargas del tendón rotuliano o aquíleo, periostitis, contracturas por sobreuso, fascitis plantar, etc. – se incluyen rutinariamente en programas de fisioterapia que contemplan el ultrasonido para acelerar la vuelta a la actividad.
¿Qué contraindicaciones existen?
Si bien el ultrasonido terapéutico es una técnica segura cuando la aplica un profesional capacitado, existen contraindicaciones absolutas y relativas que se deben respetar para evitar efectos adversos. No se debe utilizar ultrasonido en los siguientes casos o áreas del cuerpo:
- Embarazo: Evitar aplicar ultrasonidos cerca del útero de una mujer embarazada (especialmente en abdomen y zona lumbar), dado que los efectos sobre el feto son desconocidos y potencialmente riesgosos. Por precaución, no se trata con ultrasonido sobre el vientre materno.
- Tejido canceroso: No colocar ultrasonido sobre áreas con tumores malignos o sospecha de cáncer. La estimulación circulatoria y celular podría favorecer la diseminación o interferir con tratamientos oncológicos. Esta contraindicación incluye también ganglios sospechosos de malignidad.
- Hematomas recientes o riesgo de sangrado: No aplicar ultrasonido en tejidos que estén en fase de **sangrado activo o riesgo hemorrágico】 (por ejemplo, en las primeras 24-48 horas de una lesión aguda). El ultrasonido podría agravar el sangrado o el hematoma. Se recomienda esperar a fases subagudas cuando el sangrado esté controlado.
- Trastornos vasculares mayores: Evitar zonas con trombosis venosa profunda, embolias vasculares o arteriosclerosis severa. El ultrasonido podría movilizar un trombo o afectar vasos comprometidos, representando un riesgo. Tampoco se debe aplicar sobre varices muy avanzadas o flebitis activas.
- Pacientes con hemofilia u otros trastornos de coagulación: Dada la tendencia al sangrado de estos pacientes, el ultrasonido no está aconsejado en áreas donde pudiera inducir microlesiones vasculares.
- Áreas sensibles específicas: No dirigir el ultrasonido sobre los ojos (estructura ocular), ya que puede dañarlos, ni sobre las gónadas (testículos u ovarios) por posibles efectos negativos en el tejido reproductor. Asimismo, se contraindica sobre el tejido cerebral directamente (por ejemplo, no aplicar en cráneo abierto) y se evita sobre la columna vertebral en pacientes laminectomizados (sin protección ósea).
- Marcapasos y dispositivos electrónicos implantados: Se debe tener precaución extrema o evitar aplicar ultrasonido sobre pacientes con marcapasos u otros dispositivos electrónicos implantados (ej. neuroestimuladores) especialmente en la región torácica. Aunque el ultrasonido no es una corriente eléctrica, el calor o vibración podría interferir con el dispositivo o con cables implantados. En caso necesario, se aplica lejos del aparato y con parámetros muy controlados, pero lo más seguro es no usarlo directamente sobre el área del implante.
- Infecciones activas o procesos sépticos locales: No usar ultrasonido sobre infecciones localizadas (abscesos, celulitis infecciosa) ni sobre piel abierta infectada, ya que el aumento circulatorio podría diseminar la infección.
- Epífisis óseas en crecimiento: En niños con cartílagos de crecimiento abiertos, se evita la aplicación del ultrasonido directamente sobre las placas de crecimiento, dado que podría alterar el desarrollo óseo. Por lo general, el ultrasonido no se emplea rutinariamente en poblaciones pediátricas salvo indicación específica
¿Qué características debe tener un buen aparato de ultrasonidos para fisioterapia?
La calidad y funciones del equipo de ultrasonido son cruciales para garantizar tratamientos eficaces y seguros. En el mercado existen numerosos modelos, pero un buen aparato de ultrasonido para uso fisioterapéutico profesional debería cumplir con las siguientes características técnicas y de diseño:
- Frecuencias de trabajo de 1 MHz y 3 MHz: Es deseable que el equipo sea dual y ofrezca ambas frecuencias, ya que 1 MHz permite tratar tejidos profundos (hasta ~4-5 cm de profundidad) y 3 MHz es ideal para tejidos más superficiales (1-2 cm de profundidad). Esta versatilidad amplía las aplicaciones clínicas del dispositivo.
- Potencia de salida suficiente y regulable: Un buen equipo debe alcanzar intensidades terapéuticas de hasta ~3 W/cm², con control preciso para graduar la dosis según la patología. La potencia debe ser ajustable en incrementos finos, permitiendo usar intensidades bajas para lesiones agudas o cerca de zonas sensibles, y más altas (siempre seguras) para tratamientos de termoterapia profunda en lesiones crónicas.
- Modos de emisión continua y pulsada: El aparato ha de ofrecer ultrasonido continuo (100% ciclo de trabajo) para efecto térmico, y ultrasonido pulsado con distintos ciclos de trabajo (por ejemplo 1:1, 1:4, etc.) para efecto mecánico no térmico. Esto permite adaptar el tratamiento a fases agudas (modo pulsado) o crónicas (modo continuo). Lo ideal es que el dispositivo permita ajustar el duty cycle en un rango amplio (10% hasta 100%), otorgando flexibilidad al terapeuta en la dosificación.
- Cabezal transductor de calidad y área adecuada: El transductor (cabezal) debe tener un tamaño acorde con usos generales (habitualmente 4–5 cm de diámetro) y una buena ERA (Área de Radiación Efectiva) para cubrir suficiente zona en cada pase. Además, es importante que el cristal emisor tenga un índice de no uniformidad del haz (BNR) bajo, idealmente 5:1 o 6:1 como máximo. Un BNR bajo significa que la energía ultrasónica se distribuye de manera homogénea, evitando picos de intensidad focales que podrían generar puntos calientes o molestia en el paciente.
- Sistema de control de contacto y temperatura: Los equipos modernos suelen incluir sensores o indicadores de buen contacto entre el cabezal y la piel, alertando si se pierde el acoplamiento (por ejemplo, algunos emiten una señal o pausan la emisión). Esta característica es útil para garantizar que la dosis entregada es la prevista y evitar sobrecalentamiento del cristal. También es deseable la protección contra sobrecalentamiento del cabezal, para sesiones prolongadas.
- Programas preestablecidos y facilidad de uso: Si bien el fisioterapeuta puede ajustar manualmente los parámetros, muchos aparatos ofrecen programas preconfigurados para patologías comunes (tendinitis, contracturas, etc.), lo que agiliza su uso. Una interfaz sencilla, con pantalla clara y controles intuitivos, facilita la selección de parámetros y aumenta la eficiencia en consulta.
- Portabilidad y diseño ergonómico: Un buen equipo debería ser compacto y transportable, especialmente para fisioterapeutas que realizan visitas domiciliarias o para moverlo entre distintas salas. Características como un peso ligero, presencia de una batería recargable opcional además de la alimentación eléctrica, y un maletín de transporte, añaden valor. Asimismo, un cabezal ergonómico que se adapte bien a la mano del terapeuta reducirá la fatiga durante su aplicación.
- Marca fiable y certificaciones: Es importante que el equipo cuente con certificación de producto sanitario y provenga de un fabricante reconocido en el campo de la fisioterapia. Esto asegura que ha pasado controles de calidad, calibración de ultrasonido y seguridad eléctrica. Modelos de gama alta pensados para clínicas ofrecen mayor durabilidad y precisión en la emisión ultrasónica.
Preguntas frecuentes
¿El ultrasonido terapéutico duele o produce molestias?
No. El tratamiento con ultrasonido es indoloro y suele ser bien tolerado por los pacientes. Durante la aplicación, por lo general solo se percibe un leve calor o vibración en la zona, e incluso muchos pacientes lo encuentran relajante. Si el fisioterapeuta mueve adecuadamente el cabezal y ajusta la intensidad, no debe haber ninguna sensación dolorosa.
¿Cuánto dura una sesión de ultrasonidos en fisioterapia?
Usualmente entre 5 y 15 minutos de emisión por zona tratada. La duración exacta depende del tamaño del área y el objetivo terapéutico, pero la mayoría de sesiones son breves. El ultrasonido suele formar parte de una sesión de fisioterapia más amplia, combinándose con otras técnicas, por lo que el tiempo total de atención puede ser mayor (30 minutos o más incluyendo otras terapias).
¿Cuándo se empiezan a notar los efectos del ultrasonido?
Los efectos beneficiosos pueden apreciarse pocas horas o días después de las primeras aplicaciones. En muchos casos agudos, el paciente nota alivio del dolor y reducción de la inflamación al cabo de 1 a 3 sesiones. En tratamientos de lesiones crónicas, suele haber una mejoría significativa tras aproximadamente 3–4 sesiones, conforme avanza la reparación tisular estimulada. Es importante completar el número de sesiones recomendado por el fisioterapeuta para consolidar los resultados.
¿Tiene efectos secundarios o riesgos el ultrasonido terapéutico?
Aplicado correctamente por un profesional, el ultrasonido es seguro y no tiene efectos secundarios significativos. No causa daños en tejidos sanos ni cambios sistémicos. Solo existen riesgos si se usa inadecuadamente (por ejemplo, sobre una contraindicación como un tumor, o con una técnica incorrecta que provoque sobrecalentamiento local). Al seguir los protocolos de seguridad –evitando las contraindicaciones como embarazo, cáncer, trombosis, etc., y moviendo siempre el cabezal– el ultrasonido no conlleva molestias ni complicaciones para el paciente.
¿Se puede usar el ultrasonido en lesiones agudas o recién ocurridas?
Sí, en modo pulsado. En lesiones agudas (recién ocurridas) se evita el ultrasonido continuo porque genera calor, pero el ultrasonido pulsado (intermitente) está indicado ya que ofrece efectos terapéuticos sin sobrecalentar el tejido. De hecho, el ultrasonido pulsado ayuda a controlar la inflamación, reducir el edema y aliviar el dolor en fases agudas de la lesión. Siempre se adapta la dosis y parámetros a la fase de curación en la que se encuentre el paciente, asegurando un efecto beneficioso desde etapas tempranas de la rehabilitación.
